Irán – Parte 1 – Hundiendo los mitos del país al que muchos no “irán” 

Bazargan (Frontera con Turquía) –  Teherán

30.10 a 5.11.2016

Veloframes:

Norte de Irán (frontera con Turquía, Tabriz, Tehrán, Kashan, Qom, ruta hasta Isfahan)

Podéis encontrar nuestra selección de fotos en nuestro álbum de Flickr

Descripción general de la ruta:

No olvidaremos:

  • La entrada en el país y con ello dejar atrás el ambiente enrarecido de los últimos kilómetros al este de Turquía en zona Kurda. 
  • Lo frenético que resulta el tráfico y como las normas de circulación pasan ser meras “reglas orientivas”. Es difícil de creer que no haya más accidentes. Caótico pero armónico. 
  • El magnífico té que acompaña toda buena reunión y los terrones de azúcar que se pone uno bajo la lengua para que con cada sorbo vaya derritióndose en la boca. 
  • Igual es ya poca la sorpresa, pero la hospitalidad y la predisposición para ayudar de los Iranis no tiene limite. Desde el primer mometo, cualquier encuentro se vuelve un derroche de amabilidad desinteresado y un interés sincero por conocerte. 
  • Los paisajes montañosos del norte que hacen que el frío al menos tenga como contrapeso la belleza de los montes pelados pero nevados. Muy lejos de los paisajes a lo que estamos acostumbrados. 
  • El bazar de Tabriz y su autenticidad. La ciudad es conocida en el país entero por su gastronomía.
  • La comodidad de los trenes y el buen hacer de sus trabajadores par hacerte fácil el transporte de la bici y las alforjas. 

      Realidad vs ficción

      Déjanos tutearte y lanzarte una pregunta para empezar esta entrada: Asumiendo tus prejuicios (demos gracias a la prensa de medio mundo y su servidumbre a los los poderes a los que representa), que países del mundo consideras que son peligrosos y jamás visitarías? Seguramente en la lista aparecería Irán… déjanos decirte que no sabes lo que te estás perdiendo y que si hay algún motivo indiscutible por el cual deberías visitar este país es precisamente por su gente.

      Unos días atrás habíamos recogido nuestro visado en Erzurum, al Este de Turquía, con un coste económico importante (unos 100€ en total por persona pidiendo agilizar el proceso a una agencia). Ahora nos acercábamos a la frontera adelantando dos hileras de camiones durante varios kilómetros que esperaban a que se les hiciera el control de mercancías. Los últimos en la cola nos comentan que van a tener que esperar alrededor de cinco días antes de cruzar; no nos gustaría estar en su pellejo.

      Del paso fronterizo que se encuentra poco antes de Bazargan no hay mucho a explicar. Cometimos el error de cambiar nuestras últimas liras Turcas a un cambio bastante por debajo de lo que uno puede encontrar luego (no os dejéis engañar por el cambio oficial como nos ocurrió a nosotros; mientras estábamos en el pais Google nos decía que el cambio era de 35000 Riales Iranis por euro, mientras que el cambio que nos dieron en Tehrán estaba alrededor de los 40000) y nos marearon un poco con los pasaportes y el lugar por donde teníamos que pasar con las bicis. Después de algunas idas y venidas con uno de los oficiales, finalmente nos pusieron el sello para nuestro alivio y el de la multitud que se había acumulado detrás nuestro. La presencia de dos nuevos e inseparables compañeros de viaje no se hace esperar: Khomeini y Khamenei. Bueno, en realidad la omnipresencia de sus retratos. MaPa ya está en Irán.

      En Bazargan encontramos el omnipresente escudo de la República islámica en forma de estatua.

      No cabe duda que hemos cambiado de país. Nuestro encuentro con Purya.

      Los primeros metros dan ya una buena muestra de lo “zumbados” que están esta gente al volante. El ritmo es frenético y más allá de circular por la izquierda, como en Europa (con Brexit a la vista, creo que me permitirán la licencia), el respeto por el orden establecido es casi inexistente. Nos alegramos de dejar de ver las estaciones de policía militarizadas de los últimos días en Turquía y nos dirigimos con presteza hacia Maku, donde Purya, un chaval que hemos contactado a través de CS (Couchsurfing), nos espera. Es de noche y podemos apreciar sólo una mínima parte de los montes que nos rodean. Maku tiene una esencia pueblerina y familiar. Mientras buscamos algún sitio donde comprar una tarjeta SIM que nos permita llamar a nuestro contacto, damos con unos jóvenes que no tienen mucha idea de donde hacerse con una a esas horas pero que conocen a nuestro huésped. En serio? Le dan un toque y cinco minutos más tarde aparece en su coche con una sonrisa de oreja a oreja.
      Purya es encantador y seguramente el mejor de los embajadores para el inicio de nuestro recorrido por Irán. Pasamos dos días entretenidos dedicados en gran parte a beber té iraní mientras conversamos sobre las curiosidades que nos surgen a ambas partes. En su caso se trata de una de las personas más activas de CS en Maku y ha tenido la oportunidad de viajar por lo que poco puede sorprenderle ya. Nosotros nos mostramos cautos al principio a la hora de tratar algunos temas (hemos oído y leído que es mejor no dar rienda suelta a todo tus opiniones e inquietudes) pero enseguida nos damos cuenta de que nuestro amigo es el primero en decirnos lo que piensa sin pelos en la lengua (es posible que el mismo sienta la necesidad de hablar libremente con nosotros) y no tardamos mucho en dar nuestra opinión de una manera más obvia. Algunos temas constatan que nuestras realidades son a veces tangencialmnte opuestas: la familia o quizás la unión familiar juega un rol muchísimo más importante y raramente se anteponen los intereses personales (véase una buena oferta laboral) a la proximidad familiar por ejemplo o la relación previa al matrimonio entre un pareja debe ser casi clandestina (nos ha dado la sensación de que es algo que las nuevas generaciones se toman de una manera algo más relajada). Una “divertida” anécdota fue la siguiente: Poco después de conocernos nos muestra con orgullo la foto de Adolf Hitler que aparece cada vez que ilumina la pantalla en el fondo del móvil. Como comprenderemos después de discutirlo con calma, por un lado a su entender (es una a opinión bastante extendida en el país) el dictador proyecta una imagen de liderazgo, patriotismo y fortaleza únicos. Por otro lado muestran un cierto escepticismo ante los hechos del holocausto al menos en los términos que nosotros conocemos (esto seguramente alimentado por la propaganda del país ). A esto hay que añadirle un contexto histórico algo diferente y es que las relaciones diplomáticas entre Irán y la Alemania Nazi eran de mutuo beneficio e Irán estaba en manos monárquicas todavía (el “Shah” como allí se hace llamar) tiempo que ahora muchos anehlan.

      Purya tiene la sonrisa más dulce del mundo mundial

      Pasaremos parte del tiempo en casa de sus padres donde vive (en Irán la emancipación antes del matrimonio se entiende como una falta de respeto y no tiene la aprobación social) y en una villa que tienen en lo alto de esas montañas tan singulares alrededor de Maku. La ciudad se extiende a lo largo de un estrecho cañón y parte de él tenemos que imaginarlo ya que el tiempo es gris y nuboso. Durante estos días tenemos tiempo de degustar ya algunos de los platos que nos acompañarán a lo largo de nuestra travesía como el Ghormeh Sabzi, un estofado de hierbas con judías y pollo que se acompaña de arroz. Además Purya nos confiará su pasión por la guitarra española y el flamenco en particular. Sí sí, como lo leéis, después de quedar maravillado por algunas piezas de Paco de Lucía entre otros, decidió que le dedicaría el tiempo necesario para aprenderlo y vaya que si lo hizo! De la ciudad poco podemos decir porque el tiempo invita más bien poco a salir y el único intento de visitar uno de los museos (Palacio de Baqcheh Juq) se ve frustrado por encontrarlo cerrado . Nuestra visita a Maku? Té y largas conversaciones.

      Paisajes inhóspitos rodeados de una belleza singular. En Irán también hace frío.

      Nos despedimos bajo la lluvia y con tristeza de una familia que dos días atrás no conocíamos y nos abrió las puertas de casa como si de viejos amigos se trataran. La primera misión era encontrar todavía un lugar donde hacernos con la buscada tarjeta SIM. Después de nuestra ya habitual pequeña investigación para ver qué compañía nos conviene más, todo parece indicar que Irancell es la mejor de las opciones. Apenas unos pocos cientos de metros más tarde, todavía en Maku, encontramos la oficina de correo postal que su vez facilita las SIM. Purya nos había comentado que igual nos saldría algo más caro de lo que esperábamos porque solo se permite darles una tarjeta a los individuos con residencia en el país, pero no parece darse el caso y en algo más de media hora tenemos la gestión hecha. Tarjeta más algunos pocos gigas y crédito para llamadas (con un precio por minuto casi simbólico) por debajo de los 10 euros. La infraestructura en general en el país deja bastante que desear (grandes ciudades aparte) pero por lo menos el precio está por lo suelos. Mientras se gestiona todo esto nos sentimos algo abrumados por el recibimiento de los locales. Las trabajadoras públicas nos tratan con escandalosa amabilidad ofreciéndonos té (como descubriremos, en Irán la excepción es que no te lo ofrezcan) y algunos dulces caseros. Éstas junto con alguno más de los presentes no pierden la oportunidad de hacerse fotos con nosotros. Una curiosa primera experiencia que demuestra que el país, sobretodo en algunas zonas, ve más bien poco turista.

      Saliendo de Maku con sus imponentes alrededores

      Los tres días de ruta que nos separan de Tabriz, la ciudad más importante del noroeste del país y que forma parte de la región Iraní del este de Azerbaijan, nos deleitarán con carreteras bastante inhóspitas (con la salvedad de Marand) y un festival de montañas nevadas a su alrededor que chocan con nuestra percepción de los paisajes del medio oriente y el constante tono beige del terreno. El viento es helado y la lluvia hace acto de presencia en más de una ocasión. Camiseta de merino, cortavientos de invierno, chubasquero, guantes para la lluvia y el frío, calentadores en las piernas… da igual, hasta que uno no ha rodado los primeros 10 minutos la sensación es de frío. El primer día paramos antes de lo previsto ante la oferta de Ali, que trabaja en un matadero de pollos pesando los camiones que entran y salen cargados de las aves. La tarde no da mucho más de si y éste nos ofrece una habitación donde pasar la noche que, aunque no tengo calefacción, supone fácilmente entre 5 o 10 grados más que al exterior. Además acabaremos pasando una noche bien entretenida intercambiando impresiones como podemos. Es una persona muy hábil y no tenemos la sensación de frustración que experimentamos a veces cuando las palabras no son suficiente para entenderse. Cenamos juntos mezclando pollo (nunca diríais de donde lo ha sacado) con algunos de los víveres que nos quedan. Recordaremos siempre como nos hablamos de su nieto con una sonrisa de oreja a oreja. Con nosotros ejerce un paternalismo muy reconfortante. Dormimos como bebés y a la mañana, después de un té y algún que otro sólido para cargar pilas, seguimos con nuestra ruta agradecidos una vez más de la hospitalidad gratuita de la gente que encontramos en el camino.

      Ali (derecha) y su compañero veterinario. 

      El tramo que nos lleva hasta poco antes de Marand es algo más duro y seguramente el más frío de todos debido a la ligera lluvia y a la altura a la que nos encontramos. Los paisajes son remotos y la civilización mínima. Empezamos a entender que aquí no podemos esperar encontrar demasiados lugares intermedios donde poder hacer una compra mínima o cobijarse del temporal. Tenemos dificultades para encontrar un lugar donde comer y cuando lo hacemos la oferta se reduce a arroz con Kebap. La elección se límita a sí carne de pollo o ternera. Creemos poder alcanzar Koshksaray antes de que cierre la noche pero ésta nos engulle y hace que los últimos kilómetros se vuelvan despreciables. Muy poca luz, una conducción bastante agresiva que en Irán es la norma y obras en la ruta que en parte nos permiten rodar unos cuantos kilómetros en tranquilidad por una carretera inacabada pero que posteriormente se convierte en una carretera de doble sentido improvisada. Por si no fuera suficiente, la bolsa frontal de Manon se desprende de la bici creyendo yo con el ruido que ha tenido un accidente. Por suerte todo queda en un susto y acabamos llegando a una estación de servicio con, como no, una mezquita donde acceden a que pasemos la noche (concretamente en la zona de rezo para mujeres). Los presentes dudan de que podamos pasar una noche lo bastante cálida pero insistimos que bajo techo y con los sacos de dormir, tenemos la gloria. Esa noche la elección vuelve a ser complicada más allá del Kebap. Acaban haciéndonos una tortilla y después de poder tomar incluso una ducha de agua caliente nos ponemos a soñar.

      El cielo empieza a despejar y ello da lugar a algunos de los paisajes más asombrosos del país.
      Amaneciendo en un de las mezquitas donde amablemente nos dejan pasar la noche.

      El rezo de un par de camioneros (mientras nosotros hacemos ver que seguimos durmiendo) nos da la señal de que empieza a amanecer. El último día de ruta antes de llegar a Tabriz y pasando por Marand tiene una primera parte simpática y el paso por esta “pequeña” ciudad resulta incluso agradable a pesar del tráfico. Nos acaban ofreciendo el pan (empezamos a conocer el famoso “Lavash“, una masa muy fina no especialmente sabrosa pero que tiene la ventaja cuando endurece que puede volverse a humedecer para que retome un estado parecido al original) por la patilla, acabamos fotografiados para un artículo de un diario local del que seguramente nunca más sabremos y la salida de la localidad, aunque dura pues nos despide con una pendiente constante durante algo más de una hora, nos da unos paisajes muy fotográficos con el blanco de la nieve en la cordillera que en muralla la ciudad. A partir de ahí una segunda parte de ruta bastante más desagradable después del parón para reponer fuerzas con pan queso y tomate en la ruta a la par que el encuentro con Pierre, un joven francés que lleva varios km recorridos y cuyo objetivo es realizar BangkokParis en bicicleta. La ruta es relativamente llana pero el tráfico es ensordecedor y constante como hace mucho tiempo que no habíamos experimentado. El parque automovilístico Iraní se parece bastante a una chatarrería en movimiento y los humos, zumbidos de motor y claxons son una constante. Los días son cortos y una ciudad como Tabriz enorme, así que para cuando llegamos a la zona más céntrica, la noche ya está bien entrada.

      Saliendo de Marand, con los omnipresentes líderes supremos en la propaganda nacionalista del país y la impresionante cordillera de Mishodagh 

      La primera gran ciudad del país: Tabriz

      Desde hace algunos días estamos sincronizados con Ali, nuestro viejo amigo de Iraní residente en Alemania y casualmente por unos días en Tehrán, para mirar de encontrarnos en la capital del pais. Esto es solo posible si aceleramos nuestra travesía así que llegados a este punto sabemos que nos tocará coger un tren. Lo primero que hacemos en Tabriz es dirigirnos a la estación para mirar de asegurar esta parte. Sin demasiados problemas confirmamos que las bicis no son ningún problema en el tren, que se pagan aparte y que simplemente hay que aparecer en la estación al menos 3 horas antes de la salida del tren (algo exagerado la verdad!). Cogeremos el tren nocturno al día siguiente para poder hacer una visita fugaz a Tabriz. Los 2 billetes nos salen a poco más de 15 euros para los 2. Listos con la logística de transporte, ahora sólo nos falta saber donde vamos a pasar la noche. Nos resistimos a acabar en un hostal-hotel por lo pronto: los precios (distinto para los “guiris”) están totalmente alejados de nuestro presupuesto además de tener unas prestaciones algo pobres en lo general (la familia de cicloturistas nos ha prevenido de ello). Por lo pronto decidimos ir a llenar nuestros ambrientos estómagos. Nunca diríais que acabamos comiendo…Empieza por “Ke” y acaba por “Bap”. Dedicamos el rato a probar nuestra suerte y a llamar a uno de los pocos Warmshowers cerca de la estación ferroviaria. Bingo! Guli responde a las 8 de la noche al otro lado del teléfono y nos dice que puede echarnos una mano. No puede hospedarnos en su casa por motivos personales pero acaba guiándonos a un hotel cercano y pagándonos la noche, a precio local claro ;).

      Muchas gracias Guli, hiciste todo mucho más fácil para nosotros en Tabriz!

      El día siguiente lo pasamos deambulando por Tabriz sabiendo que solo vamos a poder llevarnos una pequeña impresión de lo que la ciudad puede ofrecer. La recientemente construida mezquita Imam Khomeini se cruza en nuestra camino y aunque de interior minimalista, su tamaño es sobrecogedor. Los allí presentes sienten curiosidad por nuestra presencia y no dudan en preguntarnos y tratar de ayudarnos. Su inglés es algo limitado pero no tienen inconveniente en llamar a alguien que acaba pasando 15 minutos al teléfono con Pablo. A continuación decidimos perdernos por el famoso Bazar; por desgracia es viernes y algo pronto por la mañana por lo que está lejos de su máximo esplendor. Más tarde nos dejamos caer por la mezquita azul, de gran valor histórico aunque algo deteriorada. Por la tarde el tiempo justo de pasar a comprar lo justo para las varias horas de tren que nos esperan, recoger nuestras cosas del hostal y presentarnos en la estación donde Guli, después de un día de montaña con los amigos, nos espera para echarnos una mano con la logística del equipaje. Gracias a él tenemos en poco más de media hora todos nuestros haberes empaquetados y pagados (alrededor de 10 euros por todo, de nuevo bastante por debajo del precio que hubiésemos pagado si nos presentamos solos). Tenemos tiempo para ir a tomar un café a su casa. Guli es un apasionado del deporte en general y claro está de la bici y a sus 60 mantiene un fisico admirable. Nos enseña con orgullo también las zapatillas para levantadores de peso y que crea en el sótano de manera artesanal. Es el único en el país y evidentemente el responsable de la que llevan los profesionales (entre otros, el medalla de plata de los juegos olímpicos de Río de Janeiro). El tiempo se nos echa encima y acabamos despidiéndonos con tristeza de Guli. Hubiese sido una gran oportunidad tomar el tiempo de perderse por la ciudad con él y ver un poquito de la zona a través de sus ojos también. El tren nos llevará durante las siguientes 12 horas (4 de retraso que averiguamos al despertarnos y sin saber muy bien porque) hasta Teherán. Tenemos un compartimento para 4 personas con cama. Vamos solos durante las primeras 2 horas. Luego se suben al tren nuestros compañeros hasta Tehrán, una pareja que no habla palabra de inglés pero con la que llegamos a entendernos en lo básico. No tardaremos mucho en poner a punto las camas y echarnos a dormir. Aunque es ruidoso conseguimos conciliar el sueño y pasar una noche correcta.

      Mezquita Imam Homeini de Tehrán.
      Pedidos en el bazar de Tabriz
      Si te gusta el levantamiento de peso en Irán, necesitas unas de éstas. Trabajo artesano del bueno!

      La mañana confirma las sospechas de que no vamos a llegar a la hora prevista. No nos importa demasiado; tenemos algo de fruta, queso fresco y delicioso pan (o “nan” como allí se le llama) del tipo “Sangak” (nada que ver con el muy básico “Lavash”) y lo devoramos en el restaurante de a bordo con el imprescindible té que debe acompañarlo. Ésto hace ameno los últimos kilómetros y sin darnos casi cuenta llegamos la estación central de Tehrán. Normalmente deberíamos esperar algunas horas antes de recuperar nuestro equipaje y con él nuestras bicis. No obstante los encargados se portan de lujo con nosotros y excepcionalmente nos ayudan a recuperar todas nuestras posesiones. Ali, el WS que hemos contactado durante las últimas horas, nos espera y tenemos que ir a su encuentro. Nuestros días en Tehrán acaban de empezar.

      Viajeros al tren! Que diga… Fuera del tren!!! Estación central en Tehrán.

      Leave a Reply