Turquía – Parte 1 – Cambio de continente

Después de 3 semanas en la isla de Lesbos, reprendemos nuestro viaje y dejamos en este caso no sólo un pais, Grecia, sinó que nos adentramos en el continente asiático desembarcando en Turquía.

Parecía imposible que algún día tuviéramos que dejar Lesbos pero así era. Después de apenas tres semanas de vivencias en la isla, uno tenía la sensación de haber pasado una vida allí. Las tareas correspondientes al voluntariado por las cuales nos encontrábamos en Lesbos habían absorbido gran parte de nuestro tiempo – otra cosa es que fueran todo lo productivas que nos hubiesen gustado -. “Kara Tepe”, el campo de refugiados a apenas 1 km de Mitilene donde pasamos la mayor parte de las horas de luz que tiene el dia, marca para siempre. Evidentemente lo hacen las vidas y las historias que se esconden detrás de las, en su mayoria, sonrientes caras visibles. Son conscientes de su heroica victoria llegando hasta Grecia y que no todo el mundo lo consigue. Pero también marca el empeño de mucha gente (incluido algunos de los que allí “viven”) por hacer que el inmovilismo y cinismo político no los aboque a una vida indigna. Ésto, por desgracia, no ocurre en todos los campos y Kara Tepe es una “bonita” excepción.

Es obvio que  uno no puede dejar la isla sin cierto remordimiento pero las razones por las cuales empezamos este viaje nos llevan a pensar que, al menos por ahora, queremos continuar con nuestra travesía. Nuestro ferry debe zarpar a las 9 de la mañana para Ayvalik como lo hace todos los días, así que después de que la gente de una de las organizaciones – “Movement on the ground” – nos ceda un lugar donde reposar la última noche, nos levantamos y a prisa vamos a buscar nuestros tickets. Qué sorpresa la nuestra cuando nos comunican que hoy excepcionalmente se han cambiado los horarios y no podremos salir antes de las 14h. Si tirará de tópico podríamos decir que se trata simplemente de una consecuencia de los “horarios griegos” (aunque quien opera es una compañía turca) pero muy posiblemente tenga que ver con el hecho de que justo hoy, 12.09.2016, empiezan las vacaciones (“Bayram” en Turquia) para celebrar el “Eid al-Adha” que representan una ofrenda divina y constituye la celebración de de los 70 días después del fin del Ramadan (Eid al-Fitr) y su periodo de ayuno. Ayer nos despedíamos de Kara Tepe precisamente echando una mano a repartir la comida que se había preparado especialmente para festejar el evento. Pasaremos la mañana tomando cafés, meditando sobre lo vivido y el hecho de que estamos a punto de cambiar de continente y evidentemente poniendo un poco de orden a nuestra vida y las gestiones que requieren de internet.

El barco sale puntual como un reloj suizo. Los pasajeros somos apenas 5 o 6 parejas. Al llegar se respira un aire de tranquilidad y bondad absoluto a pesar de los recientes acontecimientos. Los policías aduaneros nos tratan con gentileza y chapurrean un correcto inglés. Las relaciones diplomáticas entre Francia y Turquía son mejores que las Españolas. Pago 25 euros por el visado válido por 3 meses, Manon lo tiene por la patilla. Tenemos que desnudar nuestras bicicletas para pasar todas nuestras alforjas y sacos por el detector de rayos X. En apenas media hora estamos libremente en territorio turco rodando sobre nuestras Surly. Es aquí en realidad donde tomamos consciencia de la festividad, en parte porque necesitamos comprar una tarjeta SIM y los comercios se encuentran cerrados y en parte porque una muchedumbre recorre las estrechas calles de la localidad. La primera impresión es ciertamente agradable en el sentido de que no nos sentimos para nada extraños. El ambiente es alegre y se respira bienestar; coches nuevos, gente a la última moda, la muchedumbre se reparte por bares y restaurantes, hombres y mujeres por qui y por allí. Digamos que nada demasiado distinto de lo que veríamos en cualquier ciudad familiar (salvando las obvias diferencias raciales, arquitectónicas, gastronómicas…).

dscf7039
Ayvalik: Llegando a Turquia desde Lesbos.

Rodamos en dirección a Esmirna. La nacional tiene pinta de haber sido construida recientemente. Tenemos al menos 2 metros de arcén para nosotros que nos hacen pedalear con total tranquilidad. Avanzamos veloces con el viento como escudero. A pocos kilómetros hacemos un pequeña parada y un amigo de apenas 15 años (Ulas) con una buena bicicleta de trekking se une al pelotón. Quiere comunicar pero le cuesta atreverse debido a un inglés algo verde. El chico se prepara para unas carreras que tienen lugar en Istanbul el día de la madre y del padre. Nos acompaña algunos kilómetros, donde el viento ya no es tan agradable como antes, hasta Altinova, y nos guía hasta la mezquita más cercana para reponer nuestras existencias de agua. Nos despedimos de el haciendo uso de nuestros incipientes conocimientos del turco. Güle Güle amigo!

No tardaremos mucho en dirigirnos hacia la playa para encontrar ese ansiado lugar perfecto que nos cobije en nuestra tienda de campaña. Que en Turquía (como en la mayoría de paises) la acampada libre esté oficialmente prohibida es casi una anécdota. En nuestro caso además, el riesgo de plantar una tienda de 2 metros cuadrados cuando anochece y no encontrar rastro de ella cuando el sol empieza a alzarse hace muy improbable que acabemos en una situación embarazosa (o costosa mejor dicho). Hemos leído que el país es de lo mejorcito en materia, por posibilidades y hospitalidad. En todo caso el mejor “termómetro” para valorar la idoneidad del ejercicio es preguntar a los locales y en Salihleraltı, nuestro primer lugar de acampada en la región, una familia en plena faena con una barbacoa nos aclara que no hay problema en desplegar nuestro repertorio “campamentístico” en la playa.

Después de comprar lo necesario para prepararnos una ensalada en una de esas verdulerías de colorido imposible nos vamos hacia la solitaria playa, no sin antes pasar por una zona de casas en construcción que me hacen recordar a los esqueletos del boom inmobiliario presente en ciertas zonas de la costa ibérica. Estás se quedan a un centenar de metros del agua. Apenas algunos bañistas en la lejanía nos acompañan para ver ese espectáculo sin igual del sol escondiéndose detrás del perfil de Lesbos. Que por qué nos gusta la acampada libre?

Ya con nuestra MSR Hubba Hubba esbelta y tensa oímos unos silbidos en la lejanía. Un pequeño escalofrío recorre mi cuerpo y digo para mis adentros: “nos han pillao!”. Rápido se desvanece dicho pensamiento al reconocer las caras. Uno de los personajes que estaba ocupado con la barbacoa se dirige hacia nosotros (hago notar  que nos encontrábamos a unos 500 metros de la casa de esta gente) con una comitiva compuesta de 2 chicas jóvenes, muy atractivas si se me permite el comentario (seguramente las hijas), muy a la última en cuestión de moda y sin velo o hyab. No es posible! Nos traen un plato lleno de muslos de pollo a la brasa, algunos trocitos de carne picada en forma de salchicha (similar al “cevapcici” de los balcanes) y todo ello acompañado de arroz cocido. Ah, y cubiertos incluidos! Teşekkürler! Les damos las gracias como podemos con las 2 palabras de turco que hemos aprendido y devoramos el manjar contentos de no tener que ponernos a cocinar porque la noche está apunto de caer. Manon lleva de vuelta los cubiertos mientras yo tomo una de nuestras duchas a la luz de la luna. Un litro de agua nos sobra para meternos frescos y limpios en la tienda. Antes de hacerlo discutimos con Manon sobre que localidad es cada uno de los enjambres de luces en la costa de Lesbos, sin estar muy de acuerdo el uno con el otro. Llegamos a la conclusión de que que estamos justo en frente de donde teníamos el apartamento allí. Es gracioso.

La noche no será tan plácida como habíamos imaginado. La semana lúdico-festiva (como bien gusta decir a mi ex-colega de trabajo y amigo Antonio) se hace notar y cantos folclóricos se mezclan con algo parecido a un concierto de rock en la lejanía. Siempre está la opción de usar tapones para los oídos pero en general prefiero escuchar lo que ocurre a mi alrededor aunque eso suponga alguna que otra noche en vela.

Asia nos acoge con calidez y hospitalidad. Las transiciones son en general progresivas. Cambiar de país y, en este caso, de continente, aunque suene grandilocuente, no supone un contraste radical en esta zona de Turquia. Seguramente esto cambiarla a medida que nos alejamos del Egeo y nos vayamos acercando hacia el territorio fundamentalmente persa.

Un comentario en “Turquía – Parte 1 – Cambio de continente

Deja un comentario